lunes, 5 de marzo de 2012

Resistir~Capítulo 2 "Queriendo soñar"

Las hojas verdes de los árboles se mecían con el viento y el atardecer apenas comenzaba. Había paz en ese lugar, pero no estaba sola. Tomó mi mano y me acercó hacia él, me abrazó por la cintura. No había culpa. Sentía su respiración era lenta como la mía, la sentía muy cerca de mi rostro. No quise abrir los ojos por miedo a que no fuera verdad. Me acarició los labios, mis mejillas con la yema de sus dedos. "Yo te puedo hacer feliz", fue lo único que necesitó decir para que yo abra los ojos y me encontrara con ese verde que extrañaba. Sus manos comenzaron a subir hasta mi cuello, y lo empezaron a apretar cada vez más fuerte y cuando ya casi no podía respirar me tomó por los hombros y me zamarreaba gritando mi nombre. ¿Porqué hacía eso si me acababa de decir que me podía hacer feliz? ¿Acaso no sabía las cosas por las que pasé? Cada vez sus gritos eran mas fuertes y la voz ya no era cálida. Cuando pude despertarme me di cuenta de que unos ojos negros estaban encima mío.
-¡ELIANA! ¡DESPERTATE DE UNA VEZ! TE DIJE QUE ME HAGAS EL DESAYUNO
Apenas reaccioné de la situación, junté todas mis fuerzas y me saqué de encima a Pablo tirándolo de la cama, agarré el bolso que estaba en la puerta de entrada de la casa y corrí lo más rápido que pude al garage. Podía sentir como sus pasos me seguían, por eso antes de entrar al coche ya estaba activando la puerta para que se abra, así mi escape estaba asegurado. Agradezco el día que se me ocurrió la idea del bolso con una muda de ropa.
¿Pero cómo hizo para entrar a mi cuarto? ¿Acaso rompió el seguro que yo había agregado para que de tantos golpes termine entrando a mi cuarto cuando se emborrachaba? Eso era algo que tendría que arreglar cuando hubiera vuelto a casa, en ese momento solo debía enfocarme en llegar antes que cualquier otro abogado de la firma y me viera en pijamas por las oficinas.
-Sra Alberti!-exclamó Graciela al ver que yo ya estaba en mi despacho 
-Disculpa, tendría que haberte avisado, vine a revisar unos papeles
-No se preocupe, enseguida le pido su desayuno
-No te molestes, ya desayuné. ¿Porqué no organizás tus cosas y después volves? Necesito que hablemos del pequeño encargo que te dí.
-Enseguida señora.
Habían pasado exactamente 13 días desde que lo había visto en la calle. Nunca lo llamé en el transcurso de esos días, quizás ya se había olvidado de lo que nos reencontró. Quizás, algún cruce de la vida como suele pasar, una tarjeta más que entregó a una mujer como tal vez acostumbraba. Pero, ¿porqué me la había entregado a mí? No digo que no sea atractiva, tenía el cuerpo que cualquier hombre desearía tener en sus brazos, o por lo menos solía tenerlo, solo estaba un poco descuidado, y a pesar de todo yo seguía arreglándome al salir de casa. Nunca tuve problemas con los hombres, cuando era joven podía tener al que sea comiendo de la palma de mi mano cuando yo quisiera, pero seguro Alejandro podía tener a la mujer que el deseara sin problemas.. ¿Pero qué estaba pensado? Era una mujer casada, no puedo permitirme tener esos pensamientos con otro hombre que no sea mi marido.
Unos golpecitos en la puerta me devolvieron a la realidad.
-Adelante
-Aquí tiene lo que me pidió Sra-dijo Graciela entregándome una carpeta
Decidí abrirla cuando ya casi tenía que volver a casa, solo eran dos hojas. No hizo falta que leyera mucho, al ver su nombre completo supe que era él, mi ex novio. No quise leer más, solo quería asegurarme que fuera él, no quería saber que tan feliz era su vida, sin tormentos. Debo admitir que cambió mucho su aspecto físico desde la última vez que lo vi, era más alto y a pesar de que vestía traje le notaba que había pasado muchas horas trabajando su cuerpo en el gimnasio. Quizás que ahora que sabía que de verdad se trataba de él podría llamarlo y vernos.. ¡NO! No podía verlo, ¿qué le diría? Hola, soy Eliana, ¿te acordás de mí? Soy la que te deje por otro el día que ibas a proponerme matrimonio. Cuánto tiempo ¿no? Yo, ando bien.. mi marido.. 
¿Pero qué estoy pensando? Si Pablo se enterara no me salvaría de la golpiza. Este tema tendría que esperar, lo que era de urgencia era llamar al cerrajero para que coloque un seguro más resistente a mi puerta. Uno que resista golpes, empujones, uno que sea resistente a Pablo. 
Estaba sirviendo la cena cuando llegó él. 
-Hola, ¿cómo estuvo tu día?-dijo pasando por mi lado para abrir la puerta de la heladera y sacar una cerveza
-Bien, como siempre, sin demasiados casos
No hubo diálogo durante la cena esta noche. Había noches en las que hablábamos como una pareja normal, de vez en cuando reíamos y hasta a veces nos besábamos, y si él estaba bien y sentía que me quería hacíamos el amor. Pero eso no era mi idea de matrimonio que habíamos tenido desde el principio, o por lo menos yo no. Cuando todo empezó y nos quedábamos dormidos en la misma cama, yo a menudo me despertaba a media noche, tomaba mi almohada, unas sábanas y me iba al cuarto de al lado, no podía soportar tener durmiendo a mi lado al hombre que me gritaba si hacía las cosas mal o si algún hombre me miraba o conversaba conmigo. Al comienzo solo eran insultos, murmullos en los que maldecía a medio mundo, hasta que un día en un bar un hombre se me acercó mientras él estaba en el baño. El hombre se había confundido con una amiga suya pero de todas formas nos quedamos hablando y riendo, pero las risas terminaron en el instante en que lo vi caminando directo hacia nosotros con una botella en la mano que acabaría rompiéndose en cientos de pedacitos en la cabeza del extraño y antes de que el dueño del bar llamase a a policía, Pablo ya me tenía agarrada del brazo, estaba nervioso y todavía tenía adrenalina que sacar, lo sabía por la presión que su mano ejercía sobre mi brazo, pero se contenía. Ese episodio solo dejo como consecuencia 5 dedos marcados por dos días solamente. Cuando llegamos a casa esa noche me hizo jurar que jamás lo engañaría y mucho menos dejaría. Fue fácil decir que sí en ese momento, siendo amenazada por sus ojos llenos de furia. Muchas mujeres piensan que tener un marido celoso, que no quiere que uses tal o cual ropa para que los demás no te vean, que se enoja con una cuando cruzas miradas sin querer con un hombre en la calle, muchas piensan que eso demuestra que nos quieren. Claro que nos quieren, pero para ellos solos. Y se torna obsesivo cuando te revisan uno por uno los mensajes en tu celular, cuando se interponen entre tus amistades y vos haciendo que te pelees para así resolver el problema de las salidas nocturnas con ellas, cuando te comienza a eliminar contactos de tu cuenta de Facebook, cuando te manda a seguir. Pablo no llegó a mandar a alguien a seguirme, él no hubiera pagado por eso, lo hubiera hecho él mismo, pero yo sé que no me siguió.. lo hubiera descubierto de ser así. 
Junté los platos cuando terminamos de comer y los lavé mientras él miraba televisión. Creo que nunca se fue a dormir sin ver antes una pelea de boxeo.
Esa noche fue diferente, sus ojos eran diferentes...como caídos, distantes a lo que veía en la pantalla. No había furia en él pero tampoco expresaban paz. No me atreví a preguntarle si le pasaba algo, tuve miedo a cambiar su estado de animo y recibir una paliza por curiosa. Tampoco quise sentarme a su lado y abrazarlo, después de todos estos años era demasiada demostración física de cariño, así que decidí, luego de mucho tiempo, volver a dormir en nuestra habitación. Quizás de ese modo se daría cuenta que podía contarme lo que fuese que lo tenía así. Me acosté esperando a que él viniera a mi lado, no sé cuanto tiempo pasó, pero lentamente fui cayendo en el mismo sueño de ayer, ese sueño verde que traía paz con él. Esa noche el sueño cambió, esos ojos que antes eran tranquilos ahora parecían atormentados por algo, y ya no eran verdes, poco a poco se volvían negros. Me miraban fijamente, más que atormentados parecen tener miedo de algo. Entre medio de la confusión del sueño, tratando de encontrar el por qué de ese cambio de color, me desperté rodeada de unos brazos bastante musculosos. Pablo trabajó su cuerpo durante varios años, ahora solo lo mantenía, pensaba que si seguía iba a terminar pareciéndose a un físico culturista y que se iba a entorpecer por lo grande de sus biceps y demás. Fue confuso despertar entre sus brazos, pero más confuso fue que se ofreciera a hacer el desayuno, el cual acepté para que no hacerlo enojar. No era como los desayunos que acostumbro tomar en la oficina, estas tostadas quemadas y la leche con nata no eran para nada parecido, pero valía su intención, quizás después de todos estos años se dio cuenta de todos los errores cometidos y decidió que ya era hora de enmenarlos. Hasta se ofreció a llevarme al trabajo pero me excusé con que tenía una reunión y que lo desviaba mucho de su camino. No tuvo problema en ceder y dijo que esta noche habría una sorpresa. La verdad que todo esto no solo me descolocaba, sino que asustaba a la vez porque se salía bastante de lo común. Decidí olvidarme y después de desviarme me dirigí directo a la oficina. 
Pasaron las semanas sin darme cuenta y Pablo cada vez estaba más cambiado, en realidad, estaba volviendo a ser el de antes, el que me sorprendía con flores, ayudándome a preparar la cena y ya casi no había peleas. Gracias a Dios se había dado cuenta de todo lo que había hecho y desde esa día que me prometió esa noche todo fue diferente, esa misma noche me propuso hacer un viaje al caribe, como para re descubrirnos o algo así. No vi motivo para decirle que no, de modo que en un mes estaríamos en el crucero que nos llevaría a las aguas cristalinas de Centroamérica. 
Ya casi ni pensaba en Alejandro ni en ese encuentro fugaz, era como si mi marido me hubiera vuelto a enamorar, como si hubiéramos vuelto a esos primeros días en que convivíamos, hasta se puede decir que volví a soñar con una familia con él pero todavía me sentía insegura, fueron muchos años de desconfianza, miedos, mentiras y peleas, y fue por eso que decidí empezar a tomar pastillas ya que el ya no quería cuidarse. 
Al llegar a la oficina Graciela me esperaba con una cita, ya no me esperaba con el desayuno, lo tomaba en casa. 
-¿Cómo dijiste que se llamaba el que me espera?
-Em, se llama Alejandro, señora, dice que la conoce, está en su despacho-respondió Graciela como si hubiera hecho algo mal.
-Alejandro.. no será..?-no pude terminar la frase
-Si señora, él.
Caminé a mi despacho con el corazón que me latía a mil por hora, parecía una adolescente. Admito que me derretí cuando vi su espalda ancha cuando entré porque estaba mirando por la ventana. Al sentir mi presencia se dio vuelta y no pude evitar sorprenderme lo bien que recordaba sus ojos verdes y la forma triste de su mirada.
-Jamás llamó.
Dios, que lindo sonaba mi nombre cuando él lo decía.
- Eh..no tuve oportunidad
-¿Agenda apretada?
-Sí- dije haciendo una mueca de disculpas-¿A qué se debe su visita?
-Tengo una reserva en un restaurante acá a un par de cuadras, para que le quede más cómodo, ¿le parece?
-Tentadora oferta pero,..
-Ya, no quiere enfrentarse al pasado-dijo frustrado
-¿Cómo dice?
-¿Pensás que no me di cuenta quién eras? ¿Pensaste que te había olvidado? Eliana, por favor es solo un almuerzo, no te estoy pidiendo que te cases conmigo, no se porque escapar otra vez.
En ese momento no supe qué contestar, qué hacer si él tenía razón, no quería enfrentar el pasado. El pasado es pasado, y en el pasado se tiene que quedar, pero... ¿qué si el pasado ahora sería mi presente? 
-Alejandro, no te sientas así, no fue mi intención..
-Es un simple almuerzo.
Si el destino nos volvió a juntar, ¿para qué contradecirle? 
-¿A qué hora es la reserva?
-Para la una-dijo mientras yo marcaba el interno de Graciela
-Señora, ¿se le ofrece algo?
-Graciela, por favor que mis reuniones desde de la 1 se corran a las 3 por favor-a Alejandro se le dibujaba una sonrisa a escucharme.

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